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miércoles, 3 de agosto de 2016

Extremadura es agua

Con 65 zonas de baño en lugares de gran belleza y 1.500 kilómetros de costa dulce, algo único en Europa occidental, la región ofrece muchas opciones para combatir el calor y disfrutar de la naturaleza.

Por séptimo verano consecutivo, la bandera azul ondea en la playa del embalse de Orellana, una distinción que reconoce la calidad del agua, su ubicación en un espacio protegido para las aves y las infraestructuras disponibles para los bañistas. Fue, de hecho, la primera playa de interior que logró este reconocimiento en España.



La de Orellana es una de las 65 zonas de baño naturales autorizadas por la Junta de Extremadura este verano. Un total de 40 piscinas naturales, 17 playas fluviales y 8 playas situadas en embalses hacen de esta región un destino de interior diferente, sin masificaciones y en armonía con una de las naturalezas mejor conservadas del sur de Europa.



 A esto se unen los 1.500 kilómetros de costa dulce, un valioso recurso que permite la práctica de deportes como la vela, el piragüismo, el windsurf, el buceo o el paddle surf.

El norte extremeño concentra el mayor número de espacios aptos para el baño. Decenas de gargantas, piscinas naturales y playas en ríos y arroyos se suceden en el Valle del Jerte, La Vera, el Valle del Ambroz, Sierra de Gata, La Hurdes y Plasencia.



En Badajoz, entre otros puntos de la provincia, es posible darse un chapuzón en La Serena, donde se encuentra uno de los mayores embalses de Europa, La Siberia, La Codosera, Medellín y Cheles, localidad que comparte el gran lago de Alqueva con la región portuguesa del Alentejo. A unos cinco kilómetros de Mérida se encuentra el embalse romano de Proserpina, integrado en el catálogo de bienes Patrimonio de la Humanidad de la capital extremeña y cuyo dique es uno de los más grandes de la Antigüedad. Con 2.000 años de historia, este lugar es una de las playas de agua dulce mejor acondicionadas de la Comunidad y zona habitual de esparcimiento y baño para los emeritenses.



Las piscinas naturales y las playas fluviales de Extremadura se localizan en parajes de gran belleza, muchos de ellos protegidos. Uno de estos casos es la Garganta de los Infiernos, en el Jerte, una espectacular sucesión de cascadas, arroyos, piscinas naturales y grandes rocas excavadas por la erosión del agua. Conocido popularmente como Los Pilones, este espacio está declarado Reserva Natural y presenta un desnivel considerable, que va desde los 600 metros a los 2.000 del Pico Angostura, factor que influye en su biodiversidad. Por su territorio se pueden realizar rutas a pie, en bicicleta y a caballo, además de ser un lugar fantástico para observar la flora y la fauna, con especial protagonismo para las aves (halcón peregrino, milano, buitre leonado...). 



También en el Jerte se localiza una zona inmejorable para hacer barranquismo o, como se dice localmente, “gargantismo”, ya que se desarrolla en los saltos de agua y pozas denominadas gargantas. Tres de ellas, Las Nogaledas, Los Hoyos y Los Papúos, están equipadas con anclajes y desviadores para los aficionados a este deporte. Varias empresas locales ofrecen sus servicios para vivir esta experiencia.



Cualquier ruta por estas piscinas naturales y playas fluviales nos lleva por pequeños pueblos rodeados de paisajes deslumbrantes, bella arquitectura popular, excelente gastronomía y, en muchos casos, abundante patrimonio histórico y cultural. Acebo, Robledillo de Gata, Hoyos, Gata, San Martín de Trevejo, Descargamaría... en la Sierra de Gata. Caminomorisco, Pinofranqueado, Ladrillar… en Las Hurdes. Jarandilla de la Vera, Garganta la Olla, Madrigal de la Vera, Villanueva de la Vera… en la comarca del mismo nombre. Abadía, Casas del Monte, La Granja, Segura de Toro… en el Valle del Ambroz. Valdastillas, Jerte, Navaconcejo, Cabezuela del Valle… en el Jerte. Cañamero, Castañar de Ibor… en pleno Geoparque Villuercas, Ibores, Jara y a un paso de Guadalupe y su Real Monasterio de Santa María, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO.



El agua de Extremadura ha sido apreciada desde los tiempos del Imperio Romano por sus cualidades mineromedicinales. De norte a sur de la región hay siete centros termales que, gracias a sus terapias naturales y la realización de diferentes tratamientos, ofrecen mucho más que remedios a determinadas dolencias y se han convertido en auténticos centros de bienestar, lugares donde descansar y descubrir la gastronomía local, la historia y el territorio donde se encuentran.



Los balnearios de Alange, Baños de Montemayor (estos dos primeros conservan sus termas romanas), Baños de San Gregorio, El Raposo, El Salugral, Fuentes del Trampal y Valle del Jerte, con aguas declaradas de utilidad pública, atención cálida y profesional y elevado valor patrimonial, son una excelente opción para desconectar y cuidarse.

Aqua, salus, traditio y tranquilitas. Cuatro principios que privilegiaban los romanos y que encontrarás en tu escapada a Extremadura.







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